Sentarse frente a frente con el dolor del otro —y con la propia culpa— es quizás el acto más difícil que un ser humano puede emprender. TRAGALUZ acompañó con su cámara ese proceso tan frágil como extraordinario: la amistad improbable entre un exmilitar compareciente ante la JEP por el crimen de falsos positivos y un maestro de obra de Toluviejo cuyo hermano fue una de las once víctimas asesinadas para inflar las cifras de guerra. Trabajar aquí exigió del equipo su más alta sensibilidad: construir confianza en un territorio marcado por la traición y sostener con respeto el peso de testimonios donde la verdad duele, pero también libera.